domingo, 1 de julio de 2012

Que no opinen los filólogos

Dentro de la polémica que tanto gusta a la derecha baturra para sacar rédito político, no podía faltar el insigne Hipólito Gómez de las Roces. Acostumbrado a dar lecciones democracia y funcionamiento parlamentario cuando proviene de la democracia orgánica franquista.

Refrendando las relaciones con la extrema derecha cita a la FACAO, mintiendo además sobre que el catalán debe extenderse a todo el territorio aragonés, empleando la táctica franquista del miedo a la población. Y menospreciando el patrimonio cultural que es la lengua catalana para Aragón, al más puro estilo boina a rosca e ignorante. Luego sigue con el supremacismo lingüístico, pues cree que el inglés es lengua universal y el catalán no, cuando todas las lenguas tienen su valor. Continúa con el menosprecio ignorante de dar valor a otras lenguas y que las demás sólo generan conflictos, cuando los que los generan son ellos. Por supuesto el castellano, español para él, sí entra en las lenguas superiores. Le convendría leer al profesor Moreno Cabrera sobre el supremacismo lingüístico. Para acabar mezclando el tema con el de los bienes, pero luego somos los que defendemos a otras lenguas los que creamos conflictos. Buena manera de confundir y azuzar el anticatalanismo. Asunto al que dedica más de la mitad del artículo cuando en teoría iba a versar sobre el catalán en Aragón.

Y además comenta algo peligroso, que solo las cortes de Aragón pueden decidir qué lenguas son aragonesas. Las cortes están obligadas a dignificar y a legislar sobre ellas, pero no tienen autoridad lingüística y menos empleando criterios políticos que rayan la xenofobia como los que defiende este personaje anacrónico. La autoridad está en los filólogos, que son los expertos en el tema y quines lo estudian. Claro, que siempre se puede menospreciar el trabajo del consejo asesor de lenguas hasta hacerlo desaparecer, si no te gustan sus conclusiones y consejos.


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