viernes, 2 de diciembre de 2005

El lobo solitario

El lobo siempre ha sido un animal con un aura especial, temido, odiado, un elemento identificativo de nuestro entorno y cultura popular. Perfectamente adaptado al entorno agreste en el que vive. En perfecta combinación con sus hermosos aullidos, sobrecogedores en plena naturaleza. Esa mirada profunda. Inteligente, con un cerebro altamente desarrollado, pueden llegar a vivir 16 años en buenas condiciones de hábitat. No tiene depredadores, salvo el hombre, puede llegar a recorrer 100 km al día, ocupa un territorio amplio. Animal jerárquico en el orden de la manada, con la que tiene una fuerte vinculación social. La hembra pare generalmente de tres a ocho lobeznos, alimentados por cualquier miembro de la manada, a los tres meses son lobatos, al año tienen formología de adulto y al año y medio son ya lobos.

Este es sin embargo un joven lobo solitario, y no porque lo quiera, aunque a veces le guste la soledad, y vagar por los montes. Vivía con su manada, en un entorno conocido y agreste. Un día estaba en una de sus exploraciones y correrías solitarias. Se había alejado un poco más de lo habitual, estaba en una parte preciosa del bosque, con unos árboles tan altos que dejaban pasar tamizada la luz a través de las hojas, dándole un aspecto similar a las vidrieras de una catedral. Ese aire casi místico y sobrenatural.
Siguió vagando, estaba a gusto, llegó a una zona más abierta, donde casi desaparece la vegetación y con profundas fosas entre las rocas. Vió aquello peligroso y decidió regresar. De pronto se formó una tempestad de nieve, empezó a correr sin saber bien a donde se dirigía, y se ocultó tras una roca en un agujero. Cuando amainó, se encontró con un desierto blanco. Las fosas estaban disimuladas por la nieve y el hielo, que empezaba a resquebrajarse por los incipientes rayos de sol. Así inició su regreso. Vió las huellas en la fresca nieve de algunos lobos, pero no pudo seguirles el rastro y encontrarlos. Estaba solo y desorientado. Así que se guió por el sol para llegar a casa. Un largo camino en el que todavía está.

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