jueves, 8 de septiembre de 2011

Residuos franquistas

La impunidad que sobrevino tras la muerte del dictador en la llamada "modélica transición", hace que a día de hoy sigamos padeciendo de manera latente, lo que podríamos denominar residuos franquistas. Que además de no ser rechazados por la mayoría de la sociedad, son elegidos sistemáticamente en las elecciones o son elegidos para cargos administrativos o de gobierno. Son los mismos que más ferozmente exigen condenas a la violencia de ETA, cuando ellos mismos no han condenado otra peor como siempre es la ejercida por un estado bajo una dictadura. La impunidad acaba provocando que se crezcan y tengan actitudes de desfachatez.

Un caso paradigmático es el de Yolanda Barcina. Como los de su estirpe hay víctimas que merecen reconocimiento, indudable, y otras que no, que lo merecerían igual. Lo que en el caso de un abertzale sería una imputación por exaltación del terrorismo, en su caso se queda en nada.

Así endurece la ley de símbolos mientras sigue amparando los símbolos franquistas. En un flagrante caso de doble rasero y de continuar la humillación y olvido a las víctimas. El dificultoso cambio de nombre en las calles de la Txantrea. O más grave aun dedicar una sala de exposiciones al conde de Rodezno. Personaje que en la guerra civil firmó 50.000 sentencias de muerte. O su saña contra la ikurriña. Y no son los  únicos ejemplos en Navarra.

Que en el año 2011 haya una localidad, Méntrida, que haga homenajes a la bandera, a los caídos por Dios y por España, aunque ante el revuelo quitara a Dios lo que cuenta es la intención inicial. Un claro ejemplo de exaltación del franquismo que debería ser perseguido y erradicado. Luego con cinismo desde el PP dicen que hay que pasar página y no remover el pasado.

O que en Melilla homenajeen a un policía que como mérito tiene haber asistido a la ejecución de Puig Antich. No sólo no son juzgados, ni depurados sino que reciben honores.

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