domingo, 22 de noviembre de 2009

Los valores de Hipólito.

Una vez más podemos leer la xenofobia e ignorancia malintencionada de Hipólito, más grave aún por su condición de ex presidente de Aragón. Pero poco se puede esperar de quien dentro del partido baturrista y anticatalán que es el PAR, defiende las posturas más radicales. La ley de lenguas le sigue provocando urticaria y no admite que el catalán forme parte de la cultura de una parte de Aragón. Con referencias constantes a que nos entendemos en castellano, él dice español, como dando a entender que gastar en otras lenguas es inútil y poco práctico. Siguiendo esta absurda lógica, siempre habrá hablantes de una lengua con un número mayor que se crean con ese derecho.

Hablo de las dos vías del catalán, para poner de relieve que nada se opone a que lo parlen allí o aquí cuantos lo deseen, si bien nunca a costa de tenerlo que financiar Aragón porque algunos lo hablen y los demás lo respetemos.

Qué generosidad la suya, volver a sus orígenes franquistas sería demasiado, mal visto. Pero nada de pagar por una lengua que hablan unos 70000-80000 aragoneses, a pesar de ser ajena al país, menos mal. La deben de hablar por dar la nota y alguno incluso como infiltrado de la Generalitat.

Todos necesitamos del español común para entendernos, mientras que, para no entendernos entre nosotros mismos, sería más recomendable refugiarnos en lo más vernáculo de cada sitio. Nadie puede ser obligado a perder las propias raíces; ninguna ley ni pacto de partidos podría imponernos eso de hablar lenguajes ajenos aunque próximos, pero algo de ello se está cociendo, inmotivadamente, ¡en la Aljafería!

"No pasa nada por hablar en catalán" oí decir el otro día; ¡eso faltaba, que pasara algo! No obstante, sí puede pasar mucho si se insiste en introducirlo empleando furtivamente, el sabido método del caballo de Troya.

Indignante sin duda que se quiere dar igualdad de derechos. La invasión catalanista ya tiene sus primeras puntas de lanza. Para llevar siglos con ese caballo de Troya cuánto están tardando en invadirnos. Resulta patético, y más aún que este discurso tenga cierta acogida.

Desde la Generalitat catalana nos dan demasiados ejemplos de lo que verdaderamente quieren. Los aragoneses libres no debemos ni callar ni otorgar aunque parezcan hacerlo la mayoría de nuestros parlamentarios. ¿A quién servirían los parlamentarios de Aragón si apoyaran esa trapisonda o se abstuvieran exquisitamente, de oponerse?

Los aragoneses libres y que no hablan catalán, le falta por decir. Los aragoneses libres que no dan libertad ni igualdad de derechos a los que hablan otra lengua.

Las dos vías del catalán son bastante claras: una estriba en conciliar el amor a lo propio con el respeto a lo ajeno y el uso del español común sin reticencias. Otra consiste en intentar el imposible de sumergir a los niños desde chiquitos, en el catalán que, con todos los respetos, nunca podría ser nuestra lengua universal. Dentro de la inmersión que algún centro imponga casi manu militari, asombra que nuestros vecinos permitan que sus centros puedan extender al recreo, como una actividad educativa más, el uso obligado del catalán sin permitir que, al menos a la hora del recreo, se considerase ese tiempo como relativamente libre y que cada escolar pudiese emplear el gallego, el euskera y hasta el español común, para decirle al compañero, "tu la llevas".

A través de la lengua este cenutrio quiere dar a entender que ya se le abduce a una ideología política, debe ser nuevamente recuerdos de sus inicios falangistas en la política, en la diputación de Zaragoza en época franquista. Hablando de lo que no sabe sobre la educación en Catalunya. Tampoco por ahora se pretende sojuzgar al mundo a través del catalán, ni siquiera en la conquista que no descubrimiento de América. Él seguramente como asturiano y país con lengua propia, tendrá recuerdos de tener que hablar una única lengua en el patio de recreo cuando era niño.

Otra interpretación de la pauta docente aunque fuera legal, que lo dudo, humana y cívicamente sería intolerable. La educación que no enseñe a ser libre y a compartir valores, no enseñaría lo principal y haría del niño sometido a presiones sectarias un mero robot. Considero que los alumnos que no empleen el catalán como lengua materna tampoco deben ser compelidos a hablar con tal pauta excluyente que más parecería cadena solo apta para incubar en niños y niñas diferencias y rencores de uno u otro signo. ¿Ellos verán? Pues sí, ellos verán, pero nosotros también deberíamos verlo a tiempo de evitar que nos envuelvan en conflictos irracionales.

En un sitio donde hay dos lenguas oficiales y ambas son de uso común en la sociedad, por la óptima integración conviene que se dominen las dos, pensando siempre en el bienestar. Sus valores son negar que el catalán es lengua de una parte de Aragón, negar los mismos derechos que a los castellanohablantes y ver fantasmas políticos en hablar una lengua.

¿Por qué tendríamos que colaborar con política tan inmoderada? No es cierto que Aragón esté obligado a elaborar una ley de lenguas en la que se reconozca el aragonés y el catalán. Además, ponerlos al mismo nivel es inadmisible. El Estatuto, que está por encima de las leyes ordinarias, solo permite proteger las "lenguas propias"; lo demás es error, picardía de unos y cobardía de otros.


No, es mejor que sigan discriminados, que en castellano ya nos entendemos todos. Tu ignorancia y catetez te impiden ver que el catalán es una de nuestras lenguas propias, más antiguo su uso que el del castellano. Lo inadmisible es tu postura y la de tu partido.

Con esa insólita proposición de ley del PSOE, de origen tan sospechoso, se está probando nuestra resistencia al pancatalanismo; se trata de introducir el catalán con limitaciones, "en cómodos plazos" y dejando ladinamente para más adelante, otros esfuerzos continuistas de idéntica catadura; la Generalitat catalana, cuyo equipo de gobierno actual es más confuso que gallardo, lucha por salvar en el Tribunal Constitucional un Estatuto no solamente autonomista y que de salir de allí como entró, volvería a restringir los derechos lingüísticos de los ciudadanos catalanes aunque no catalanes de lengua particular.

Ladinamente mezcla nuevamente los planes de invasión a través del catalán con la polémica por el Estatut, dos cuestiones diferentes y que evidentemente no debe de influir en las decisiones que aquí se tomen. Precisamente si se ha leído nuestro estatuto, verá el mandato de hacer una ley que proteja nuestras lenguas.

Leo en un periódico barcelonés que la cultura no tiene precio y que no se explica que los aragoneses no queramos ser más cultos aprendiendo catalán. Más vale no reírse; ese tiempo que nos llevara aprenderlo (bastantes lo saben o lo entienden), también podríamos emplearlo en aprender ruso, pongo por caso, porque para entendernos entre nosotros ya disponemos del español común y lo demás es secundario.

Pero se tiene la impresión de que aquella Generalitat no quiere enriquecer la aptitud lingüística de sus ciudadanos sino hacer frente al español común o sea, tirar piedras contra el tejado que a todos nos permite ser entendidos en el mundo y entendernos entre nosotros.

Lo que da risa es leer los artículos de Hipólito. Hay dos opciones, una es cabrearse y la otra es tomárselo como una astracanada de mal gusto.

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