viernes, 28 de septiembre de 2007

Hipólito Gómez de las Coces

Así era conocido jocosamente el señor asturiano bajito, con voz atiplada y con pinta de estar siempre encogido y temeroso. Aún guardo en casa un pasquín firmado por el grupo ecologista de los Ecofontaneros, llamándole así por su desmán en el Moncayo, de permitir una urbanización en pleno monte y sin depuradora. Volviendo al tema. Es vergonzoso e inadmisible los dos artículos aparecidos en el Periódico de Aragón, mofándose y humillando parte de la cultura de Aragón. El aragonés mal que le pese, es parte del patrimonio cultural aragonés. Agravado por su condición de expresidente aragonés, desde dónde debería velar o estar mínimamente concienciado sobre el tema. Viniendo del PAR, partido nada aragonés y sí muy español, pero de participar en la asimilación cultural o aculturación por parte de España sobre Aragón. Un medio eficaz para asimilarlo políticamente, empobreciendo al país, haciendo ciudadanos ignorantes de lo que son y que llegan a vergonzarse de lo suyo. Tenido como menor o anecdótico, frente a la verdadera cultura, la extranjera. Además su partido está juy próximo a la filofascista FACAO, que sólo ataca lo catalán, no defiende lo aragonés en la Franja. Seguramente el dinero que dice que costaría, está mejor invertido en pantanos inútiles, que empobrecen el país y hacen a unos dependientes de otros.





Paupérrimo el argumento del escaso número de hablantes. En ese caso todos deberíamos aprender chino. Es con la llegada de la dinastía castellana de los Trastámara, tras el Compromiso de Caspe en 1412, el castellano se va imponiendo poco a poco como lengua culta y de la corte, frente al aragonés como lengua popular. Si uno ha nacido, casualmente en un sitio, es bello disfrutar de tu propia cultura. La pluralidad cultural nunca sobra, ni e sobstáculo. Es como si aprender esa lengua te impidiera aprender otras más habladas, como el inglés o el francés. Conozco gente que domina el aragonés y el inglés. Son ellos quienes están cerrados en la ranciedad española, que necesita humillar a las restantes cultura del estado para sentirse algo. No se conforman con que el aragonés sea el único estatuto que no cita su lengua minoritaria, aragonés y catalán, ni la prometida ley de lenguas que nunca llega, en estos ocho años de alianza PSOE-PAR, sino que hay ensañamiento. Consiguen que lo propio sea tenido como exclusivo de nacionalistas, cuando la cultura pertenece a todos, incluso a quien reniega de ella, ese es su problema. El suyo es el verdadero nacionalismo excluyente, el que humilla y aparta lo que no sea español. Si no le gusta el país, que se marche a España.





Aquí están sus dos atentados a la cultura aragonesa. Se comentan sólos. Únicamente destacar alguna patochada, con la prepotencia típica del colonizador y que se cree superior.







También es cierto que en nuestra sufrida geografía tenemos unas cuantas lenguas, que en general empezaron siendo dialectos del latín y fueron civilizadas gracias a él; es tan cierto como que nuestra única lengua universal es hoy el que llamamos español común, con el que ya dije que nos entendemos alrededor de cuatrocientos millones de semejantes.



No soñemos con imposibles ni nos dejemos cautivar por complacencias caras.



En Aragón pasan de diez las modalidades lingüísticas que de alguna manera se usan (lo de la "normalización" o reciclaje de varias de ellas a otra lengua foránea cabe que sea sólo un subterfugio para eliminar diferencias que permita llevar toda el agua a un molino, que no es de aquí) y es obligado decidir entre cultivarlas todas, incluyéndolas como son (no como nos las "normalicen"), o apartarlas todas de aquel plan, optando por hacer obligatoria otra lengua universal como la china, la rusa, la inglesa, la francesa o en fin la alemana. No sería útil ir por el mundo intentando que nos entendieran en chistavino o en chapurreao.

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