jueves, 18 de febrero de 2010

Los dragados de Arguilé

Ultimamente anda en plan más destructor con los ríos que de costumbre el consejero de agricultura Gonzalo Arguilé. No ha acabado de querer empantanarlos más cuando ya quiere dragarlos. Dando cuenta del nivel que tienen algunos consejeros y de las soluciones tan anticuadas que proponen, así como sus argumentaciones.

Dragar los cauces de todos los ríos de Aragón para prevenir las avenidas y los daños que causan. Daré la bienvenida a todo el que se apunte a este club del drenaje. Dragar un río es natural como la vida misma.

A lo grande, todos los ríos, incluido el Grío que seguro que le suena de Mularroya y el caudal que lleva. Los daños generalmente vienen por invadir el terreno del río, ya sea con construcciones demasiado cerca de los cauces o con campos de cultivo. O por eliminar los bosques de ribera que ayudan a frenarla. Es más barato compensar económicamente los daños a la agricultura cuando viene una gran avenida que hacer las obras de regulación, diques y los dragados.

Propongo un pacto para que los ríos estén domesticados. En la comunidad más bien tenemos torrentes. Además de limpiar los cauces de los ríos, es preciso regularlos dentro de los cauces, ya que si no lo hacemos en el cauce, no se regulará jamás río alguno. Sin el pantano de Itoiz la Expo no se hubiera podido celebrar. La limpieza de los ríos debe realizarse sin ninguna traba ecológica. Mientras no se haga eso, seguiremos teniendo las veleidades del río.

La desfasada teoría de querer domesticar la naturaleza en vez de respetarla y darle su espacio. No es una enemiga a la que hay que dominar. Las grandes avenidas son parte del ciclo del río, pero tampoco son todos los años. En todo caso, por su puesto, debería saber lo que pasa en los ríos de régimen mediterráneo, con un caudal irregular y avenidas periódicas. Una cosa es limpiar un río, bien hecho, y otra dragar y destruir toda la fauna y vegetación que encuentren a su paso las máquinas. El fracaso es visible porque cada año hay que dragar el Ebro en Zaragoza para los barcos, aspecto que ya se avisó. Resulta kafkiano pensar que sin Itoitz el Ebro no habría tenido suficiente agua para los dichosos barcos, claro que el embalse tampoco evitó que se inundaran las obras, otra cosa que ya se dijo, el riesgo de inundación en un meandro. Lo de la falta de trabas es una absoluta desvergüenza y hacer al río culpable de lo que es lo normal.

Si todo el mundo tiene miedo a que le imputen por quitar un islote del cauce, la gente se lo piensa dos veces antes de dar un permiso. Hay gente que se empeña en que a la naturaleza hay que dejarla que haga lo que quiera, y yo me empeño en que cuando la naturaleza te puede causar muchos daños, el hombre tiene que prevenir esos daños. Dragar los ríos es natural como la vida misma. Los ríos arrastran materiales desde su nacimiento, por lo que paulatinamente va subiendo el nivel de los mismos, de ahí que esté justificado el drenaje.

No creo que esa pueda ser la causa de juicio que más les pueda preocupar, que recuerde el caso Yesa o porque siguen las obras en Mularroya. Ni históricamente han tenido miramientos en sus actuaciones. A la naturaleza hay que dejarle su espacio, y no invadir el espacio natural de inundación. Por más cabezonería que tenga lo natural es dejar fluir el agua y el ciclo del río, no los drenajes. Puede acabar diciendo que esos materiales se amontonan en los diques de los embalses que el propugna, en vez de llegar al mar y regenerarlo.

Los colectivos tan influyentes en los últimos años, los ecologistas, a quienes dijo que los islotes han sido colonizados por especies endémicas de las riberas, por lo que hay que eliminarlos. Pido a los ecologistas que recapaciten y colaboren con las poblaciones ribereñas, que, año tras año, ven este hecho con desesperación. Los agricultores aman este río más que nadie.

Sí, muy influyentes en las políticas del gobierno de Aragón, ya se ve. Otra cosa es que su acción las dificulte. Si dijera especies invasoras, pero siendo endémicas y que así lo justifique, resulta carente de sentido. Él es quien debe recapacitar y al menos mirar otras soluciones. Los que más aman el río y por eso lo quieren modificar y desvirtuar con embalses, diques y dragados.

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