viernes, 3 de julio de 2009

La ley de lenguas

Quizá presente el proyecto ahora por que le queda al PSOE un poco de vergüenza, después de la inusitada celeridad con la que tramitó la ley para favorecer el proyecto de Gran Scala.Eso sí, al estilo de la PSOE, es decir, una medida ambigüedad, quedarse a medio camino y acabar por no contentar a nadie por exceso para los reaccionarios lingüísticos y por defecto para los demandantes de la ley. Una ley pendiente desde el primer estatuto en 1982. Aunque para demasiados aragoneses, desconocedores del país en que viven, les parezca innecesario y se escandalicen por el catalán. Lo cual da cuenta del grado de colonización cultural.



La ley parte de un hecho lamentable, el castellano será la única lengua oficial. Ni siquiera habrá cooficialidad dónde se hable catalán o aragonés, aunque se podrá usar en el ámbito público. Más o menos como hasta ahora, en el que la falta de oficialidad no ha impedido el uso cotidiano por la población. Que ya es hora que se haga una ley, pero que ésta debe tener unos mínimos. No hay que montar esta polémica que está provocando el españolismo para encima hacer las cosas más mal que bien. Ya contamos con la oposición inculta e interesada del PAR y el PP. Con grupúsculos a los que se da mucha más eco del que merecen, tanto por seguidores como sobre todo argumentos. Hablando de que es innecesaria, negando derechos a una parte de la población. Cuando vino el ejército español a pasearse por Zaragoza no hablaban ni de gasto innecesario ni de que había otros asuntos más importantes. Una ley pendiente desde 1982 con el primer estatuto. Y prometida por Marcelino en su primera investidura hace diez años. Su nauseabundo nacionalismo español.
Por supuesto también ignoran la Carta Europea de las lenguas minoritarias, suscrita por el estado español en 1992. O la sugerencia europea de financiar el aragonés y el catalán donde estos garrulos ven un gasto inútil. Un número de incultos preocupante también entre muchos aragoneses, ignorantes de su historia y cultura. Lo cuál es sumamente lamentable.

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