viernes, 22 de febrero de 2008

El Consejo de Aragón

Una época poco estudiada, la del Consejo de Aragón, que logró algo que soñaba cualquier movimiento nacionalista entonces, una soberanía y autogobierno. Desde el anarquismo, respetando la idiosincrasia de cada pueblo, no reñida con las ideas socialistas como opinan algunos. A fin de cuentas el internacionalismo no deja de ser la solidaridad entre la clase obrera de varias naciones, con problemas similares. Poco estudiada, viendo el percal, quizá porque no interesa que se difunda la idea de que una alternativa así no es tan utópica. A día de hoy sigue teniendo su influencia en el independentismo aragonés. Hasta que la propia república española se encargó de controlarlo. La disputa entre ganar la guerra o hacer la revolución también. Una parte de nuestra historia que conviene recordar. A día de hoy, tiene un gran mérito esa labor que hicieron, encuadrándola en su contexto, ahí se pasó menos necesidad que en otras zonas durante la guerra. Analizando en contexto agrario y rural, y de desigualdad social de la época, distinto del actual, pero el mismo espíritu sigue siendo válido. Alcanzando un alto nivel de organización y eficiencia, en un territorio que abarcaba prácticamente la mitad de Aragón, es decir, que no era anecdótico. Consiguiendo ser de facto, el único estado anarquista de la historia.
Consejo de defensa regional de Aragón

Disposición general.

Con una frecuencia inusitada llegan a nosotros los clamores de los pueblos denunciando actos cometidos por diferentes columnas o fracciones de ellas que obligan a este Consejo a salir al paso de lo que justificadamente podemos llamar desafueros partidistas, para evitar, primero y como punto esencial, que el campesino aragonés, orgulloso hoy del eficaz apoyo prestado para su liberación por sus hermanos antifascistas, convierta en odio, por una actuación equívoca de tipo político, el cariño fraternal que profesa a los mismos. Y, segundo, porque el Consejo de Defensa Regional no puede aceptar, en nombre de los mandatos que la gran mayoría aragonesa le ha conferido, el que se pisoteen los fueros aragoneses y nuestro derecho indiscutible, al igual que otras regiones hermanas, a regirse con arreglo a sus características y temperamento político, y en el orden económico no olvidando en ningún instante los deberes que tiene que cumplir en la lucha libertadora que todos los antifascistas sostenemos.

Con un grave error que demuestra el desconocimiento del espíritu libre y de la recia personalidad que a través de los siglos ha demostrado el pueblo aragonés, se insiste, por parte de algunos jefes de columna, de determinada fracción política, en obrar en nuestra región como en terreno conquistado a un enemigo exterior e interior; y siguiendo esta equívoca conducta, se imponen por los citados jefes normas políticas y sociales totalmente en contraposición con el sentir de nuestro pueblo, que con el asenso de la gran mayoría de sus habitantes, se ha trazado unas normas de vida; superadas, afirmaríamos, en concordancia con la transformación social que la lucha antifascista está creando en España.

Se destituyen comités creados por elección popular; se desarma a hombres que dan su vida por la revolución, se amenaza con el fusilamiento, la cárcel y el castigo corporal; y como corolario, se imponen nuevos comités armados a hechura del credo político del que comete estos desmanes, dejando también sentada la afirmación de que quien contravenga sus órdenes sentirá todo el peso que le da la fuerza armada que está bajo su mando. El terror anula las aspiraciones dignas, nobles y hermosas que dieron luz a la gran lucha que un pueblo entabló para encontrar la libertad que tantas espuelas y primates habían hollado, destruyendo con ello la continuidad de la revolución y creando la contrarrevolución al servicio de un partido con ansias absolutistas.

El otro aspecto de la cuestión que nos impele a publicar este edicto-decreto es tan grave y trascendental como lo que más arriba anunciamos. De manera alocada, sin control de ninguna clase, se levantan requisas de víveres, ganados y objetos de toda índole, en toda la región, que al realizarse de manera tan absurda traerá consigo la ruina total y de larga duración en la misma.

Nadie, y las propias columnas son los mejores testimonios de esta aseveración, ha encontrado oposición alguna en los campesinos y el pueblo en general de Aragón para que los milicianos tengan todo lo que precisan para sostener la cruda lucha que se lleva a cabo. Sin pedirlo ni exigirlo, ha sido entregado voluntariamente todo lo necesario para las milicias, dentro de nuestra disponibilidad, tanto individual como colectivamente, y ante este hecho veraz que muestra en toda su integridad el deseo ferviente de Aragón para que el triunfo de la revolución sea eficiente y rápido, no podemos aceptar, NI COMO FUERO DE GUERRA, por tratarse de un pueblo hermano del ejército libertador, el que las requisas de cosas y artículos sigan efectuándose en la vanguardia y en la retaguardia; con el agravante de que estas requisas se realizan totales sin tener para nada en cuenta las mínimas necesidades del pueblo requisado.
Aragón tiene hoy que sembrar y no tiene grano, abonos ni maquinaria para ello. Sin embargo, todo eso se encuentra en otras regiones; pero para su adquisición se precisa dinero o género intercambiable, y no teniendo ni lo uno ni lo otro, se prevé la negra perspectiva, no sólo para el pueblo aragonés, sino para todos los españoles que luchan por una sociedad mejor. Con la abundancia incontrolada se inicia el despilfarro que impide apreciar las necesidades del mañana, y arruinar sistemáticamente a los pueblos que sienten y piensan, se deja una estela de odios y amarguras que engendran en deseo de eliminar al que tal cosa hace.

Velando, pues, como decimos, por que los intereses que nos han encomendado estén defendidos con la eficiencia que es debida, advertimos y esperamos conseguir de los jefes de columna, lo siguiente:

Primero. - Que todas las demandas de artículos de primera necesidad: ganado, enseres y otras materias, sean pedidas directamente a este Consejo, que cumplirá racionalmente con las posibilidades de la región, desautorizando por lo tanto enérgicamente, los hechos esporádicos realizados por quien sea, en esta materia, de no darse un caso de extrema urgencia que imposibilite la tramitación natural a que el respeto a este Consejo obliga a todos; y

Segundo. - Que las columnas antifascistas no deben ni pueden inmiscuirse en la vida político social de un pueblo que es libre por esencia y por propia personalidad.

Y para que los pueblos y sus Comités sepan a qué atenerse y la línea a seguir, decretamos:

Primero. - Sin previa autorización del departamento responsable de este Consejo, no se entregará arma alguna de las que puedan existir en los pueblos, ni se aceptarán destituciones de los actuales Comités, hasta tanto el Consejo no regularice y estructure la nueva composición de los mismos.

Segundo. - No se consentirá, por los medios que estén al alcance de los pueblos afectados, ninguna requisa de productos, ganados ni objetos que no vaya avalada por los departamentos responsables del Consejo, aceptando los casos de extrema urgencia, bajo la responsabilidad, firmada y sellada, del jefe único de la columna.

Tercero. - Los casos que contravengan estas disposiciones serán denunciados rápidamente al Consejo de Defensa regional, haciendo constar quién o quiénes son los responsables.

Esperamos que todos, sin excepción, cumplirán lo señalado, evitando con ello el caso paradójico y triste de un pueblo libre odiando su libertad y a sus libertadores. Y el no menos triste de un pueblo arruinado totalmente por la revolución que en todo tiempo añoró.

Por el Consejo de Defensa regional de Aragón: el presidente, Joaquín Ascaso.
Fraga, octubre 1936.

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