miércoles, 13 de junio de 2007

Una pequeña olita

La desvergüenza en este tema de la seguridad en Yesa, sigue alcanzando cotas insospechadas, de irresponsabilidad y desprecio, una falta de respeto a la inteligencia. En una estrategia continúa de intentar engañar a la población y la opinión pública. El estilo goebbeliano de repetir muchas veces una mentira para hacer creer que es cierto. La naturaleza sigue dando muestras de lo contrario, y la opinión de expertos independientes. Las afirmaciones en rueda de prensa del presidente de la CHE, José Luís Alonso, son ofensivas, sobre todo para los afectados por un desprendimiento. Con motivo de unas Jornadas Técnicas sobre Estabilidad de Laderas en Embalses, con 320 expertos. Muchos de ellos a sueldo de empresas y personas interesadas en las obras, como Euroestudios e Iberinsa. Otro lavado de imagen, de intento de legitimar su idea. De gente falta de sensibilidad, que se creen capaces de dominar la naturaleza, para aumentar su ego, sin importar personas, patrimonio ni nada, debido a su soberbia. ¿Están dispuestos a asumir su culpa en caso de que ocurriera? Porque deberían ir directamente a la cárcel. Ojalá no pase nunca, pero siguen tércamente obstinados en poner las condiciones para ello.

No han superado ésta época


Afirma Ni en las peores circunstancias, en caso de fuertes precipitaciones o posibles movimientos sísmicos, la ola que podría producirse en el embalse de Yesa, en caso de deslizamientos, sería una ola muy pequeñita y que se generaría con el embalse medio vacío. Estas olas de agua son uno de los múltiples mitos de los embalses. No existe riesgo real en esa zona.





Yesa medio vacío son 250 hm3 de agua, si se recrece a la capacidad prevista, son 500 hm3. No concuerda esa cantidad de agua con que la ola fuera pequeñita. Pequeñita es la sensibilidad, o nula, ante éste problema. En Vajont los 2500 muertos también son un mito, y las advertencias previas a la tragedia, y el desprecio con el que se trataron, tildándolas como ahora de alarmistas, catastrofistas y poco documentadas. Es inadmisible e intolerable. Una desvergüenza. Motivo más que suficiente y prolongado en el tiempo como para dimitir, o que le cesen. Pero desde el ministerio parecen seguir el mismo camino. ¿Qué más mitos hay en los embalses? ¿Los desplazados, los desequilibrios, la desaparición de patrimonio? Los verdaderos mitos son los que se creen los que siguen estas políticas desfasadas. Del poder salvífico del regadío, subvencionado, de que no hay otra manera de hacer las cosas. Ese despotismo administrativo, o es como digo o eres un antitodo y un radical. No hay un diálogo para buscar un verdadero consenso en estas obras. Sino una mentalidad colonialista. De supeditar unos territorios a otros. Con muchos intereses ocultos, poder en los sindicatos de regantes y en los cargos políticos, hidroeléctricas y constructoras. Ellos además siempre viven en otro sitio, lejos, por si acaso. En Itoiz adopta un discurso parecido desde hace tiempo.



Cruces en Vajont



Frente a éste descontrol, la cordura de Antonio Casas, geólogo de la universidad de Zaragoza. Quien tuvo el valor de participar en esas Jornadas y decírselo a la cara de esos soberbios y triunfalistas del falso progreso. En entrevista en El Periódico, afirma que hay más en el gremio que lo piensa pero no se atreve a decirlo. Debe ser por las presiones. Destaca. Los embalses no siguen parámetros geológicos. La decisión sobre dónde tienen que situarse los embalses se toma en función de parámetros no geológicos, sino económicos, sociales o de otra índole. Así que el informe geológico es un simple adorno que tiene que acompañar al proyecto. Y ahí empiezan los problemas. Se puede decir que existen dos factores que afectan a la estabilidad de las laderas de los pantanos y que pueden reactivar antiguos deslizamientos. Uno es el hecho de que modifican las condiciones hídricas de las laderas al empaparse de agua la parte cubierta del vaso y el resto. Y otro es que a veces hay sismicidad inducida. Y sobre las voces que le tildan de catastrofista. Ocurrió lo mismo cuando se avisó de la avenida en Biescas.



Antonio Casas


Estos técnicos infalibles caen en la contradicción. Admiten innumerables movimientos, pero que aún así no hay peligro. Las laderas de Yesa son lo suficientemente seguras. Si el recrecimiento fuera inviable se desecharía al igual que se ha hecho con otras presas. Raimundo Lafuente, técnico de la CHE. ¿No va siendo hora de hacerlo? Porque en Santaliestra fue gracias a la justicia y no a la voluntad política o de la CHE su paralización, y que se aprobara una alternativa. Los argumentos de Casas los califican de Mera declaración de intenciones, por carecer de base científica. Para tenerlo tan fácil para rebatirle no le oponen datos concluyentes. En cambio los estudios de Casas sí siguen y tienen una base científica, por más que la nieguen. Aunque para un profano pudiera constituir un motivo de riesgo inaceptable, la experiencia y el dominio de la técnica demuestran constantemente que son perfectamente asumibles. Casas no es profano. Otra vez la soberbia creencia de poder dominar la naturaleza. ¿Qué entienden además por riesgo asumible? cuando hay alternativas, cuando hay riesgo de vidas humanas. Independientemente de las causas de un hipotético deslizamiento en Yesa, la altura que alcanzaría una ola estaría entre los 1,5 y 2,5 metros en función del nivel de agua. Y, aun en el peor de los casos, no tendría consecuencias sobre la presa. Luis Garrote, ingeniero y profesor de la Universidad Politécnica de Madrid. De la metrópoli vienen a ilustrarnos.




El ínclito Antonio Serrano se aventura a dar por zanjada la polémica. Los datos científicos aportados por los técnicos y profesionales españoles, que son lo más granado a nivel internacional, determinan que no hay riesgo para la población. Casas no debe ser español. Lo que sé es que España es el país con más presas por habitante, lo que no quiere decir que sean buenos los ingenieros. Es increíble la irresponsabilidad y desprecio al peligro, la falta de respeto a los afectados de los políticos, que deberían dar ejemplo de lo contrario. Nauseabundo.

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