sábado, 2 de diciembre de 2006

Rajoy y el modelo de Estado

Rajoy hace tiempo que anda a la deriva, prisionero de su designación a dedo, ejemplo de democracia interna, o mejor dicho dedocracia interna. No ha querido o no ha podido separarse de la morralla y el lastre de Zaplana, Acebes y compañía. O se equivocaron, quizá interesadamente, quienes dijeron que era más moderado que el sector más derechista y reaccionario del PP. En esta intervención en el Palacio de Congresos del Parque Ferial Juan Carlos I de Madrid, da cuenta de su modelo de estado, basado en la mentira y la demagogia interesadas, y en un desarrollo insolidario e insostenible que traerá consecuencias negativas incluso para los ahora beneficiados, por la masificación de población que redundará en menor calidad de vida. El desarrollismo de la costa mediterránea más la isla centralista de Madrid, esponja del interior y beneficiaria de prebendas y sinergias propias de su condición capitalina. Es sarcástico que hable de nacionalismo insolidario.


Habla de retoques en la constitución para que el estado no sea inviable, pero no con Zapatero, curioso, sobre todo viniendo de un partido que exige que se hagan sus propuestas estando en la oposición. Ante esta frase, y más en el actual contexto de reforma del estatuto aragonés y su triste historia de 25 años, hay que temblar. "Solamente podrán corregirse los desajustes en el modelo de Estado si se ponen de acuerdo el PP y el PSOE. Yo confío en que nuestras propuestas encuentren un eco positivo y, en consencuencia, que el PSOE modifique su posición. No sé si incurro en un exceso de confianza. Es evidente que Rodríguez Zapatero no quiere pactar conmigo". Por eso perduran y se afianzan las diferencias entre estatutos avaladas por el PP y el PSOE. Esta historia ya cansa, y que la gente se crea esto, sobre todo es muy cómodo decirlo desde la comodidad y las atenciones del Estado para donde viven. Con esa altanería y prepotencia, y que además hay que estarles agradecidos por su magnanimidad. Dejan expresar ideas, culmen de la democracia, eso sí, mecanismos para aplicarlas si lo demanda una mayoría, nada.


Con la demagogia del modelo territorial, "En el sentir de la mayoría de los españoles reclama una correción ineplazable". Los que no entienden otra realidad que la suya, la de su entorno, su falta de tolerancia a otros sentimientos, calificando de manera maniquea unos sentimientos como buenos y otros como malos, imponiendo y no integrando, sintiendo necesidad de sentirse dominadores. Aún así dice que las autonomías son un acierto, menos mal, que generosidad. Recordó que la constitución habla de un estado unitario, después de decir que no hablaría de doctrinas, mejor hablar de dogmas. "Se está está caminando absurdamente hacia un Estado ineficaz y difícilmente viable". Efectivamente, tantas diferencias y prebendas, acumulación de población, riqueza y recursos así lo confirma, por ejemplo que la comunidad más rica que alberga la capital, sea la que más dinero reciba. El problema es que no ven más allá de su entorno.

Españolismo rancio.


Eso sí, los males vienen de la perifería, nacionalismo típico español intransigente, "Tal vez, un exceso de ingenuidad en la Transición", más bien de olvido de las víctimas en aras de una falsa reconciliación basada en la impunidad, y 30 años después en negar siquiera un reconocimiento moral. "Y la imposibilidad de poder prever todos los problemas que vendrían después, sin olvidar la influencia de los partidos nacionalistas y, finalmente, la llegada al Gobierno del señor Rodríguez Zapatero y su obcecado empecinamiento por romper todo consenso constitucional". Lo que no se puede es hacer desaparecer los sentimientos de la gente y más si viene gente de fuera imponiendo. "Lo que ocurre es que hoy, en España, si pretendemos corregir algunos desajustes de acuerdo con las nuevas necesidades, no podemos hacerlo, porque nos lo hemos prohibido: Las competencias han cambiado de manos, están desperdigadas y, en muchos casos, se arrogan la prerrogativa de derechos irrenunciables. Es decir, que nuestros errores se convierten en contumaces e incorregibles. Es como si los españoles hubiéramos empleado la Ley para atarnos las manos unos a los otros. El segundo factor causal, sin duda, ha sido la indiscutible influencia ejercida por los partidos nacionalistas". Una administración, con gente competente claro, es mejor si es más cercana, se podrá centrar en necesidades concretas y no en intereses ajenos y difusos. Puro centralismo. La influencia nacionalista del PP y parte del PSOE, efectivamente, ha sido y es, nefasta.


¿Quién maneja los hilos?

Con su comentada comodidad y displicencia acomplejada. Con total desfachatez. Habló de la Transición y las "Generosas ventajas electorales y convivir sin crítica" con los presupuestos ideológicos nacionalistas. Menos mal que no critican, sólo es que son muy malos por no ser españoles. Unas ventajas que a otros negaron, estos hipócritas que hablan de igualdad, y los estatutos vienen de la constitución y son aprobados en el congreso, por lo tanto la culpa es suya porque tienen el poder, usado despóticamente. "El resultado es que los nacionalistas se hicieron indispensables en el panorama político español", bien lo sabe Aznar, hasta su mayoría absoluta. Reconoce que en muchas ocasioness ha sido "positiva y razonable", ese mismo ejemplo supongo o con quien va a pactar si ganara. "Parece como si en vez de integrar los nacionalistas en el proyecto común, hubiéramos logrado lo contrario: transmitir a los españoles su mal ejemplo". Contradicción constante en lo que dice.


"El error de los españoles ha consistido en permitir que tales ocurrencia se dispersaran fuera del campo nacionalista, hasta el extremo de que muchos españoles de hoy piensan ingenuamente que para disfrutar de los derechos constitucionales es más importante ser nacionalista que español. En efecto, hay quien piensa que para poder igualarse con los más privilegiados, en rentas o cultura, para ser más, no les basta con ser españoles: necesitan disfrazarse de nación . El resultado, a la vista está en esa carrera por exaltar prejuicios, atributos míticos, identidades artificales y nacionalismos de oropel. Más o menos como si en España nos hubiéramos puesto a otear el futuro con el catalejo al revés". Todo un discurso nacionalista en el mal sentido, negar la existencia de otras naciones, sólo hay una e indivisible, y pretende integrar. Es negar tozudamente la realidad, una realidad que les molesta. ¿Y quién ha propiciado esas diferencias? ¿acaso la vía rápia y la lenta y las sucesivas reformas?


La inspiración de su modelo territorial.

Quiere explicarlos ciudadanos que sus derechos emanan de la Carta Magna, y en ningún caso de "Papeles rancios ni prejuicios polvorientos". Menos mal que me da derechos, si fuera perjuicios. Le sigue molestando que haya historia distinta a la españolista, y no está para enfrentar, sino para respetarla y convivir, son actitudes como las de Rajoy las que provocan enfrentamiento.

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