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martes, 6 de octubre de 2009

Otro adiós olímpico

Los Juegos Olímpicos de 2016 fueron a parar a Rio de Janeiro, dejando a Madrid otra vez con las ganas. Como excusa española se habla de que su proyecto era el mejor, pero que han influido cuestiones geopolíticas, como dar a Sudamérica sus primeros Juegos Olímpicos, en el afán universalizador del deporte, algo parecido a lo del Mundial en Sudáfrica, junto a la mejor labor diplomática brasileña encabezada por el carismático Lula. Quizá también se haya subestimado algo la capacidad brasileña, uno de los países con la economía más emergente y con una gran capacidad humana y de recursos naturales.


En fin, personalmente me alegro por varias razones, básicamente las mismas que expuse hace un tiempo, y que no tienen que ver con cuestiones identitarias como burdamente se hace ver a quién se opone, sino con razones de justicia social. Además tengo alguna razón afectiva personal para alegrarme de que se las den a Brasil.




En torno a los triunfos de los deportistas españoles se ha generado un papanatismo, empleado para enaltecer y promocionar el espíritu patriótico español. Un empleo del deporte con fines políticos al que no me opongo, a fin de cuentas para mi son cuestiones inseparables, sino que digan que no lo hacen y además acusen a otros de ello. También es triste que haya quienes ahora con estos triunfos se sienta más español o más orgulloso de serlo que antes. Todos se suman al carro ganador. En medio de este clima de euforia deportiva es sencillo promocionar una candidatura olímpica que acabe siendo el éxtasis colectivo de esta época. Los triunfos deportivos no dejan además de ser un aval a la candidatura desde el punto de vista moral. Unos deportistas a los que habría que pedirles el mismo entusiasmo para mejorar la sociedad. Una candidatura donde cabe hasta el nepotismo de Coghen con su hija.


Los triunfos deportivos y la ilusión por los grandes acontecimientos, los Juegos Olímpicos en este caso, son elementos que alienan a la sociedad, la hacen olvidarse de la unión para causas más importantes y para olvidarse de las dificultades de la crisis. Vaya, para temas culturales sacan manidamente que hay cosas más importantes. ¿Cuál es el coste de los Juegos Olímpicos? Te dirán que no va a ser como en Atenas, un fiasco económico, sino que lo que se invierta se va a recuperar con creces. Algo de lo que razonablemente se puede dudar. ¿Se puede pagar todo ésto en la situación económica actual? ¿No hay verdaderamente necesidades sociales más urgentes? Más en un ayuntamiento y una comunidad, Madrid, que figuran entre los más endeudados de España. Pero resulta que va a ser tal acontecimiento que toda España se verá beneficiada a pesar de que casi todas las inversiones se focalicen en la capital. Un dinero que saldrá de todos. Gracias al papanatismo no habrá problema en financiar, mientras reivindicaciones históricas siguen año tras año.



Me molesta que desde los poderes fácticos e insisto en el papanatismo, se obligue al pensamiento único. Mientras las reivindicaciones y necesidades que he citado antes son soslayadas. Llegando a ver escenas esperpénticas de llanto entre una población que debería estar más pendiente de las verdaderas necesidades. O quizá sea que las desconocen. Con lemas absurdos como Tengo una corazonada (cabezonada). Y no de financiar un gigantesco negocio que es en lo que han convertido la celebración de los Juegos Olímpicos. Lo mismo que traer acontecimientos deportivos a Madrid, en base a poner más dinero como el torneo de tenis, o con esos palcos que detesto para que la gente adinerada se deje ver y ya de paso caiga algún negociete, tanto en el tenis como en el pasado Eurobasket. Quitando localidades a los verdaderos aficionados al deporte, pues esos palcos están vacíos cuando no hay deportistas españoles en la cancha.

martes, 18 de diciembre de 2007

El obispo y el Amazonas

Nos llega por email la lucha del obispo de Sao Paulo por salvar el Amazonas, y su protesta.


Servicio Informativo "Alai-amlatina"

Navidad de mons. Cappio

Frei Betto

ALAI AMLATINA, 14/12/2007, Sao Paulo.- Allá está el obispo, mons. Luiz Flávio Cappio, en la región de Bahía, decidido en su huelga de hambre contra la transposición del Río San Francisco.

El río, que corta el corazón de Brasil, lleva el nombre del santo patrono de la ecología, debido a su amor por la naturaleza, con la cual mantenía relación de alteridad y empatía: Hermano Sol, Hermana Luna.

Lo que pocos notan es que el mentor de mons. Cappio era, en el siglo XIII, un crítico radical de los orígenes del capitalismo. El feudalismo se erosionaba por su inercia y los burgos, las futuras ciudades, despuntaban bajo las luces del redescubrimiento de Aristóteles y los nuevos emprendimentos mercantiles.
Bernardone, padre de Francisco, rico propietario de una manufactura de tejidos, importaba de Francia los tintes para colorear su producto. Su admiración por la metrópoli le condujo a bautizar a su hijo –como Francesco- en homenaje a Francia.

La miseria, hasta entonces, campeaba en Europa como secuela de las guerras y de la peste. El mercantilismo generó, por primera vez, relaciones de trabajo promotoras de exclusión social. Francisco se solidarizó con las víctimas de la naciente manufactura. Al desnudarse en la plaza de Assis, todos entendieron el gesto más allá del simple acto de despojo. Las ropas producidas por el padre estaban corrompidas por la tecnología que condenaba a los artesanos a la pérdida de su oficio y, por lo tanto, a la miseria.

Hoy, el franciscano mons. Cappio se posiciona al lado de las víctimas de la transposición de las aguas del San Francisco. El PT (Partido de los Trabajadores) , históricamente, era contrario al proyecto. Y también estaba en contra de la CPMF (Contribución Provisional sobre Movimientos Financieros) . Una vez en el gobierno, cambió, como también cambió en tantas otras cosas. Cambió para no realizar las transformaciones prometidas, como la agraria. Cambió para desfigurarse como partido de los pobres y de la ética. Cambió para parecerse más a sus adversarios políticos.

En Sobradinho (BA), en la capilla consagrada al santo que da el nombre al río, el obispo hace su gesto solitario, aunque también es objeto, en Brasil y en el exterior, de muchos apoyos solidarios. Su primera huelga de hambre, por 11 días, fue en 2005. Mons Cappio rechazó alimentarse hasta que el gobierno prometiese rediscutir el proyecto y promover la revitalizació n de río. Según el obispo, Planalto no honró el compromiso.

La obra de transposición está presupuestada en R$ 5 mil millones. Cornucopia en la cual están clavados los ojos de las grandes empresas contratistas y el agronegocio. Mons. Cappio desconfía de que la transposición beneficiará a los pobres de la región, que viven de la pesca y del cultivo familiar, pero sí al gran capital.

¿Quién ha visto a un gobierno hacer una obra de bulto para beneficiar al pobre? Ni siquiera el gobierno Lula invirtió suficientemente en el programa de construcción de 1 millón de cisternas de captación del agua de la lluvia, que pondría fin a las agruras de la sequía en el semiárido. Apenas el 25% de las cisternas fueron construidas, igualmente gracias al apoyo de la iniciativa privada. Ciudades sin suficiente saneamiento son beneficiadas por viaductos para el confort de quien transita en coche...

¿Quién tendrá acceso al agua transpuesta? ¿La seca o la cerca? No tiene sentido ese proyecto en una región donde todavía predomina el latifundio y cuya población, cerca de 12 millones personas, no tiene acceso a la propiedad de la tierra. En el proyecto no están incluidas las 34 comunidades indígenas y las 153 quilombolas ubicadas en su radio de acción.

El propio organismo que responde por las cuencas hidrográficas, el Comité de la Bacía Hidrográfica del Río São Francisco, está contra el proyecto, pues ignora las estructuras sociales arcaicas de la región, lo que significa, en la práctica, fortalecerlas.

Lo que Mons. Cappio reivindica es simple y democrático: que el gobierno debata el proyecto con la sociedad, sobre todo con los ribereños del San Francisco. La obra tendrá profundo impacto en toda la extensión territorial del país y, sobre todo, repercusiones ambientales y sociales.

Mons.Cappio tiene hambre de justicia, una bienaventuranza, según Jesús en el Sermón de la Montaña. Su Navidad es la del pesebre, allá donde la familia de María y José, sin techo y sin-tierra, hace nacer la esperanza de que la población de la cuenca hidrográfica del San Francisco no venga, en futuro próximo, a ser conocida también como sin-río. (traducción ALAI)

- Frei Betto es escritor, autor de “A arte de semear estrelas” (Rocco), entre otros libros.

Más información: http://alainet

Morrissey en Zaragoza

 La primera reacción fue como hallar una serendipia. Morrissey actuaría en Zaragoza. Así que un amigo estuvo rápido para conseguir entradas ...