jueves, 8 de mayo de 2008

Ese estatuto

Interesante artículo de Trasobares, en especial el último párrafo. Dónde está gran parte del quid de la cuestión, la pasividad de la gran parte de la sociedad, cuestión que he comentado alguna vez. Quejarse pero no hacer nada. Cada uno pendiente de lo suyo, y movilizarse cuando lo dicen los de arriba, como cuando las adhesiones inquebrantables, no por plena convicción, conocimiento del asunto, ni ideología, ni sentido de la solidaridad.

Ese Estatuto

El Independiente por J. L. Trasobares.
08/05/2008 JOSÉ LUIS Trasobares

Al menos habremos de admitir un par de cosas: la primera, que la última reforma de nuestro Estatuto de Autonomía ni ha reforzado el control que pueda tener Aragón sobre la gestión del Ebro ni ha resuelto el espinoso tema de la financiación; la segunda, que a pesar de los pesares la única fuerza política opuesta al contubernio estatutario, CHA, ha pringado a base de bien en las dos últimas citas con las urnas. ¿Entonces?

España es un país cruzado de siempre por las asimetrías territoriales. Lo curioso es que cada bloque ideológicos ha interiorizado a su gusto tal asimetría, y así a unos les parece muy bien que Navarra haga rancho aparte con su Hacienda foral pero se niegan en redondo a que Cataluña (por ejemplo) disfrute de tal prerrogativa. Los hay que se les cae la baba con todo lo que hacen los catalanes, sin reparar en que el Principado tripartito barre para casa con tanta furia como el Principado convergente. Otros admiran al Levante neoconservador y consideran la terrorífica insostenibilidad del desarrollo valenciano y murciano como la quintaesencia de la eficacia económica. Sólo nos faltan los nacionalistas periféricos para acabar de pasarnos de vueltas. Finalmente estamos los aragoneses, que no sabemos bien por dónde nos da el aire pero como estamos en buen sitio y tenemos ciertos recursos... pues vivimos tan ricamente. A menudo nos pican los celos, la envidia o la simple evidencia de que aquí no nos caen tantas brevas como en territorios vecinos. Sin embargo, al final somos de buen conformar. Por eso nos tragamos tan ricamente el Estatuto (siempre en versiones descafeinadas) y votamos como votamos.

Deberíamos quejarnos menos. Está mal que lo diga un servidor de ustedes, que no para de echar romericos al fuego; pero es que al mismo tiempo veo las contradicciones de una sociedad civil que sólo se ha movilizado masivamente contra el trasvase cuando la han convocado los jefes de turno, y que parece incapaz de entender que los políticos no tienen la culpa de todo. También la ciudadanía es responsable.

El Periódico

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