domingo, 11 de noviembre de 2007

El rey es un maleducado

De sobra son conocidas las imágenes dónde el rey manda callar a Chávez. Desde España, la percepción mayoritaria es españolista, en el sentido de vitorear esa falta de educación e intromisión en las labores del moderador de la cumbre. Si procede, se hace una queja, pero alguien que ha asistido a tantos encuentros internacionales no puede actuar así. El representar a España ya justifica cualquier tropelía, luego los nacionalistas sin miras son otros, además con ese aire de condescendencia y displicencia que suele emanar en la relación España-América Latina. Como si hubiera que guiarles desde la metrópoli aún. Cierto es que Chávez también estuvo maleducado interrumpiendo a Zapatero, ya tuvo su tiempo de intervención para llamar fascista a Aznar, una cosa bien cierta. No debe de interrumpir, Zapatero ya estaba dialogando con él para hacerle entrar en razón, el ofendido era Zapatero, y sale el rey con esa voz ridícula como un energúmeno. ¡Qué campechano! De no ser por él, el único maleducado habría sido Chávez. Entiendo la defensa a Aznar como un acto diplomático, pero la persona no se merece defensa alguna. Eso honra a Zapatero. Y de paso cierra bocas en el PP. Después de todo lo que le han criticado.


Peor aún fue la actitud del rey con el electo presidente nicaragüense Ortega. Como apunta Chorche, el rey y Castro eran los únicos representantes no elegidos democráticamente. Nuevamente las empresas españolas tiene derecho a hacer lo que quieran por cuestión únicamente de ser españolas. Como si los que vivimos aquí nos beneficiáramos de sus ganancias. Y aunque fuera así hay una ética y una moral para no ir con la actitud que van. Está bien que vayan si se beneficia también el país, pero no si es sólo para su beneficio, deben acatar las normas y leyes de esos países. Al rey no le gustó oír las verdades sobre las tropelías de Unión Fenosa en Nicaragua, donde da un pésimo servicio que incluye apagones de más de 8 horas y que afecta a todos los servicios, incluídos los hospitales. El rey, con prepotencia y displicencia tuvo el feísimo gesto de dejar plantados a todos e irse. En una actitud colonial. No se fue por Chávez, se fue por lo que decía Ortega. Dejando en evidencia y en un compromiso al resto de la delegación española. Deducimos que el rey está de acuerdo con los abusos de estas empresas, que llegan a atentar contra los derechos humanos. Luego en el discurso de Navidad hablara de nuestros hermanos de América Latina y que debemos cooperar y ser solidarios con ellos. En esa empalagosa hipocresía habitual.

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