Hay ocasiones en las que se ve claramente el diferente rasero para medir declaraciones, digamos, ambiguas y poco afortunadas. El grado de de aplicar de manera estricta o cierta laxitud. Rafael Vera fue condenado por los GAL. Sin embargo, hizo estas declaraciones en una entrevista televisiva.
Es evidente que la guerra sucia puede ser desde el punto de vista legal una equivocación, pero desde el punto de vista práctico tuvo su papel y en aquel momento contribuyó notablemente a la colaboración francesa. Ellos se preocupaban porque hubiera atentados también en suelo francés.
Aquí no parece haber una condena firme sobre lo inadmisible del uso de la violencia. Con mayor gravedad en mi opinión si proviene del mismo Estado que, se supone, ha de ser garante de la protección democrática y respeto a los derechos humanos. No parece haber tampoco arrepentimiento, condición indispensable en estos casos, solo habla desde el punto de vista legal. Y con un pragmatismo que resulta entre aterrador y sórdido, provocar la reacción en Francia para que colaborase contra el terrorismo de ETA. No hay desprecio ni humillación a las víctimas, a sus familiares ni amistades.
Las leyes han de aplicarse igual para todos.
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