jueves, 20 de septiembre de 2007

Las Cortes de Aragón siguen ancladas en 1992

Como si no hubieran pasado ya quince años, en los plenos de las cortes aragonesas, se sigue debatiendo del Pacto del Agua. Caduco, colonial, injusto y desequilibrador del territorio y la cohesión social. La mejor herramienta para el trasvase, por más que la sucursal colonial del PP diga ahora que se opone, promueve en el mejor de los casos inconscientemente las obras necesarias. Como el resto de partidos a excepción de CHA. No se puede estar anclado en las ideas del siglo pasado. Como si fueran la panacea y única solución para Aragón. Es deprimente que se siga insistiendo. Poniendo a unos aragoneses por encima de otros, a los que se trata como territorio colonial. Sin ningún criterio ambiental, humano ni de cohesión territorial. Sin tener en cuenta las previsiones de descenso en los caudales hídricos. Claro, que esto para ellos, en su simpleza, es un argumento más a su favor. Como si tener más recipientes asegurara más agua, si no la hay para llenar los que hay ahora. Por citar a Pedro Arrojo. Las alternativas se siguen despreciando con esa suficiencia y altanería de quien se cree superior. Cosa de radicales, hay que dejar a los que saben de verdad.



La nueva genialidad de Marcelino es decir que el punto de partida es el 2006. Porque el Pacto del Agua ha sido cambiado. No sé a que se refiere. Ahí está Yesa, Biscarrués, Mularroya... La base ideológica es la misma. No ha habido ningún cambio en lo que se entiende por gestión del agua. Las mayorías impuestas se siguen imponiendo por aplastamiento, dígase paripé de la Comisión del Agua y sus mayorías de consenso 80-20, dictadas de antemano. Consenso, caballeros, es alcanzar un acuerdo que sea solución a lo que se demanda sin perjudicar a ninguna de las partes, y en las que ambas estén de acuerdo. Basándose en criterios lógicos y de equilibrio territorial. Ni siquiera escucharon la alternativa a Yesa y la cota media e spuesta de gran ejemplo de ese falso consenso. Hay gente informada, con criterio propio, y a esa gente no se le puede engañar.

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