domingo, 5 de agosto de 2012

Garzón y los derechos humanos

Baltasar Garzón ha sido de los pocos jueces que realmente se ha interesado por las víctimas del franquismo. Humanamente entiendo el apoyo de estos colectivos y me admira su lucha contra el olvido y la impunidad. Bien es cierto que también quiso ser un juez mediático y estar en todos los fregaos, Chile, Argentina, Guantánamo, víctimas del franquismo, ya se sabe que quien mucho abarca poco aprieta. Sin embargo y a pesar de la impunidad y poderes fácticos franquistas, no fue esta acción la que le condenó a abandonar la magistratura, sino como es sabido fue el caso Gürtel, donde fue condenado a once años de inhabilitación por el Tribunal Supremo por prevaricación. El PP se quitaba de enmedio a alguien que investigaba su presunta financiación irregular. No puede haber independencia de la justicia ni se es una verdadera democracia si no existe separación de poderes. No puede ser que los partidos políticos propongan quien debe estar en el Consejo General del Poder Judicial, diez miembros elige el Congreso y otros diez el Senado. El órgano que debe de velar por la independencia del poder judicial.

Por un lado le quita protagonismo a las verdaderas víctimas del franquismo con 

"Soy el último exiliado del franquismo"

Pero que se presente como defensor de los derechos humanos alguien que cuando fue juez y debía velar por ellos miró para otro lado, es de una enorme desfachatez. Como el caso de los independentistas catalanes en 1992, 38 personas acusadas de pertenecer a Terra Lliure fueron incomunicadas bajo vigilancia de la guardia civil. O más de un detenido acusado de terrorismo que pasó por la Audiencia Nacional. Algo que el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura viene denunciando. Dos sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenaron al estado español en 2010 por los casos de Mikel San Argimero Isasa y Aritz Beristain. Solo como ejemplos. O sus tristes actuaciones en el cierre de Egin y de Egunkaria, con nuevos casos de Tortura a Martxelo Otamendi. ¿Dónde estaba entonces su preocupación por los derechos humanos?

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