jueves, 22 de julio de 2010

El Mundial y la identidad nacional

La brillante victoria de la selección española de fútbol en la final del Mundial ha desatado la locura en las calles. En un pais azotado virulentamente por la crisis económicas las victorias deportivas ejercen de alivio, de olvidarse por unos momentos de la difícil situación y de motivo de orgullo, de pertenencia a un colectivo ganador. Es ésto último lo que se ha desparramado. No verás a esas miles de personas salir a la calle en defensa de sus derechos sociales. Pero sí para celebrar una victoria deportiva y servir de excusa para actos vandálicos. Unos actos vandálicos bien criminalizados cuando tienen cariz político. Pero a estos muchachos hay que dejarles divertirse. Tampoco muchos de los que se quejan de las molestias que causa una manifestación han puesto pega alguna. Ni los que miran los dineros para temas culturales les duele nada ver cómo se gasta en pantallas gigantes para seguir los partidos. Es más, se exige, bajo acusación de envidia nacionalista y de limitación de derechos a los españoles, que oh, no pueden disfrutar en la calle de su selección. Rodeados de sudor, meadas y basura. Entre escenas grotescas de delirio colectivo y alienación. Llegando a dedicar en Zaragoza una glorieta a la selección de fútbol, que tampoco sé qué mérito ha hecho de más respecto al waterpolo, el baloncesto, el hockey patines, el fútbol sala o el balonmano.


Así han ido creando un nacionalismo banal cimentado en los éxitos deportivos. Cuyo culmen es el triunfo en el deporte más popular el fútbol. Cínicamente los mismos que critican la utilización del deporte como plataforma política (selecciones autonómicas y su oficialidad por ejemplo), citan el ejemplo vertebrador para España de ésta victoria. Vamos, que antes como no se ganaba, la gente no se sentía española, o sentía vergüenza por la falta de éxitos. Un sinsentido. Incomparable al caso sudafricano donde el rugby sí unió a un país dividido por leyes racistas y exclusión social durante décadas. Es más, hablan de que se ha quitado el complejo de ir con una bandera española, los que critican la proliferación de ikurriñas o senyeras, el sano patriotismo frente al nacionalismo excluyente. Un ejercicio de cinismo para adocenar a una masa con poco o nulo conocimiento político y social. Con desfile de la victoria en la capital. Resulta curioso ver todo esto en un equipo conformado mayoritariamente por catalanes o formados en La Masía, y con un estilo de juego similar al del Barcelona.


La base política del españolismo es practicamente nula. Se basa más en ir contra que en un criterio propio. Aún en el éxito refrotan la victoria. Se basa en cuatro tópicos sobre el nacionalismo excluyente y en las victorias deportivas. Cada uno puede sentirse de donde quiera pero que ni vengan dando lecciones y si hablan de política (cosa que primero deben reconocer, muestra de su falta de conocimientos), que sea con una base más sólida para defender su idea de España. Porque hasta se han apropiado del adjetivo rojo, antes peyorativo, para decir que ahora soy de La Roja, y que soy español, español, español. Resulta dantesco semejante despliegue de banalidad y cutrez.

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