miércoles, 10 de junio de 2009

Paolo Maldini

Paolo Maldini ha sido uno de los mejores defensas de la historia. Ejemplo de dedicación, amor y compromiso a unos colores, casi veinticinco años en el primer equipo milanista, en que debutó en el exigente Calcio con 16 años. En un fútbol cada día más mercantilizado y donde cada vez es más difícil ver como un jugador inicia y acaba su carrera en el mismo club. Una prodigiosa carrera que finaliza con casi 41 años.
Hijo de Cesare Maldini, partícipe del gran Milan de los sesenta. Paolo jugó también como defensa, de gran técnica y colocación, elegante. Empezando como lateral zurdo y acabando como central. Casi imposible de desbordar en el uno contra uno. Jamás ganó el caprichoso Balón de Oro, ni falta que le hizo para ser reconocido. Sí ganó cinco copas de Europa, siete ligas o scudettos, una copa de Italia y tres veces campeón del mundo de clubes, como títulos más importantes. Sólo le faltó ganar algo con la selección italiana. Recordada es la defensa del Milan de Sacchi, impulsor e ideólogo del fútbol moderno, con Tasotti, Baresi, Costacurta y Maldini. Ese equipo reverdeció viejos laureles y marcó una época. Siguieron los éxitos con Capello y su excompañero Ancelotti. Con alguna época negativa. Pero con Paolo siempre ahí.


Pero una actitud que le engrandece como persona es su actitud ante los ultras. Esos grupos que bajo la coartada de animar y dar colorido pretenden imponer su criterio y hacer más incómodo el ver el fútbol en el estadio al resto de espectadores. Al contrario de otros, nunca cedió a su presión. Siempre se opuso a financiarles los viajes. Aparte de algún otro desencuentro. Una minoría se dedicó a intentar aguarle su despedida de San Siro. Esta frase le engrandece más. Y por ser una persona de influencia y con el respeto de casi todos.
Me siento orgulloso de no ser uno de ellos.

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