sábado, 12 de enero de 2008

La sequía

Como siempre, interesante y didáctico el artículo de Narcís Prat, en El Periódico. Escribiendo sobre la sequía y qué soluciones se pueden adoptar.
UNA NUEVA MENTALIDAD PARA UTILIZAR UN RECURSO ESCASO

La sequía como incentivo

La perspectiva de unas restricciones a la vuelta de la esquina pone los pelos de punta a los políticos
Hoy existe la tecnología suficiente como para hacer una buena captación y uso del agua de lluvia


NARCÍS Prat*

La sequía parece haber penetrado en el tuétano de nuestros huesos y se nos aparece cada día en la pantalla de nuestra vida en forma de pantanos vacíos, pozos agotados y fuentes marchitas. La perspectiva de unas restricciones a la vuelta de la esquina pone los pelos de punta a los políticos y se sacan de debajo de las alfombras las viejas ideas (los trasvases) mientras se obvian las causas reales del problema (crecimiento urbanístico descontrolado y uso ineficiente del agua en la agricultura). En el año 2005 ya publiqué en este mismo periódico tres artículos sobre la sequía cuyas conclusiones son tan válidas ahora como antes.

Uno de los aspectos que destacaba en uno de esos textos es que deberíamos transformar la maldición de la sequía en una oportunidad para reconocer que somos un país mediterráneo, que la sequía es algo propio de nuestro clima y que debíamos acabar con la sequía mental de 25 años de pedir más y más agua (con trasvases) y dejar de actuar en los muchos campos que la innovación y la tecnología nos permiten hoy para realmente hacer una gestión eficiente del recurso y avanzar hacia esta Nueva Cultura del Agua por la que clamaron cientos de miles de ciudadanos en los años 2002 y 2003.

EN ESOS dos años se ha avanzado en la búsqueda de soluciones para disminuir el consumo y aumentar los recursos al mismo tiempo que se intenta conservar o restaurar los ecosistemas acuáticos. Así, los esfuerzos (como campañas de educación o instalación de dosificadores domésticos) para ahorrar agua han hecho que el consumo de agua doméstica en la región metropolitana no aumente mientras su población se ha incrementado en cientos de miles de personas. Por otra parte, se han puesto en marcha sistemas de aprovechamiento de agua que se habían descartado por diversas causas. Por ejemplo, se está utilizando otra vez el agua de los viejos pozos del Besòs, abandonados por la contaminación hace 20 años. Y se está produciendo el cambio mental que yo reclamaba hace dos años aunque muy lentamente. Por ejemplo, en algunos municipios se ha supeditado la licencia de obras a la presentación de un proyecto donde se demuestre que el agua para regar el jardín se obtiene de la lluvia y no de la red.
Los posibles efectos del cambio climático (con una disminución de los recursos embalsados que podrían llegar al 30%) y el crecimiento urbanístico que no para comprometen este futuro tanto como las barreras mentales que todavía persisten, como la visión que tienen los sanitarios y algunos legisladores españoles sobre la reutilización de las aguas depuradas. Los millones de litros que cada segundo estamos vertiendo al mar desde las depuradoras son un recurso infrautilizado. La incapacidad de poner de acuerdo el campo y la ciudad para establecer bancos de agua que permitan redistribuir los recursos en momentos de crisis es otro.

Mientras tanto, cada vez que llueve perdemos gran cantidad de agua que además contaminamos: es el agua que cae en nuestros tejados y que se desliza hacia los colectores donde se mezcla con las aguas residuales. Si la mitad de los casas de Catalunya tuvieran depósitos de pluviales, probablemente en estos momentos las perspectivas de restricciones serían algo mas lejanas y no estaríamos lamentado que el agua de las últimas lluvias no ha llegado a los embalses, sino contando los millones de litros de agua que habrían ayudado a llenar depósitos.

Hoy existe la tecnología suficiente como para hacer realidad un sueño: llegar a ser independiente de la compañía de agua gracias a una buena captación y uso del agua de lluvia. Solo hace falta seguir luchando frente a la sequía mental de ideas innovadoras de la que hace gala la sociedad catalana que solo pide grandes infraestructuras (trasvases). Un programa de aguas pluviales implicaría una inversión considerable que repercutiría en empleo para muchas pequeñas empresas. Lamentablemente, quien ahora, individualmente, quiere apostar por el aprovechamiento de las aguas pluviales pierde dinero, tiempo y es tachado casi de estúpido por los responsables municipales que tienen que darle los permisos. Sin una reforma profunda de las ordenanzas municipales, sin un programa específico de formación de arquitectos, urbanistas, paletas y lampistas y sin un cambio de mentalidad sobre el aprovechamiento del agua de lluvia va a ser imposible innovar en este ámbito.
GRACIAS a la sequía hemos azuzado el cerebro estos últimos años, estamos tomando conciencia del valor del agua y del país en que vivimos y empezamos a buscar las soluciones sostenibles. Pero todavía quedan muchas barreras que se oponen a este cambio y que mantienen en alto las viejas opciones (más oferta). Parece que todavía necesitamos un periodo de mas sequía para llegar al punto en que nos demos cuenta que realmente tenemos muchas maneras de hacer sostenible el ciclo del agua sin necesidad de más oferta. Pero también hay que saber que demasiada sequía puede ser totalmente contraproducente y desencadenar un proceso que nos lleve a olvidar quiénes somos y dónde estamos. Esperemos que Dios apriete pero no ahogue y que llueva lo suficiente para que no haya restricciones y para que nos demos cuenta de una vez de que la lluvia es una bendición y que hay que saber aprovecharla.

* Catedrático de Ecología de la UB

1 comentario:

Joan Soler dijo...

Me parece muy interesante su artículo. En el sector de la jardinería hemos entrado en una fase de psicosis: particulares se denuncian entre ellos por el mal uso del agua de riego (recuerdos de tiempos olvidados).
Me intereso por la tecnología disponible para la reutilización del agua pluvial, puede ampliar este tema.