domingo, 9 de septiembre de 2007

A buenas horas, Belloch

Después de todo lo que ha pasado este verano, llega Belloch de sus vacaciones y respecto a toda la polémica por las obras en el Ebro. Después de la destrucción sufrida. Ordena cambios para minimizar al máximo el impacto. Eso sí, son irrenunciables el azud y los barquitos, para que el Ebro sea la principal calle de Zaragoza, o lo que quede de él. Respetando el pliego original de condiciones, no admitiendo un calado en las embarcaciones superior al inicialmente previsto. ¿No lo podía haber dejado claro antes de irse? ¿O es que sus colaboradores y sustitutos van por otro lado? Una buena manera de escurrir el bulto, y hecho gran parte del daño, presentarse ante la opinión pública como defensor de la integridad del río. Debería saber que hay proyectos que por más que uno se empeñe, son incompatibles con ello, porque la realidad no se puede cambiar.

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