miércoles, 7 de noviembre de 2012

Caspe, los príncipes y el colonialismo

Generalmente la historiografía españolista coge la historia de Aragón para adecuarla a su relato españolista, donde la unidad de españa es un fin ineludible. Lo hacen sin pudor alguno mientras que otros episodios los silencian o se presentan como obstáculos y molestias a vencer. La visita de los príncipes españoles a Caspe coincidiendo con el 500 aniversario del Compromiso de Caspe, fecha triste para Aragón por varias razones. El proceso de castellanización se inicia entonces con la llegada de la dinastía Trastamara, empezando por el arrinconamiento del aragonés y que el castellano sea la lengua culta y de las clases dominantes. El inicio de la asimilación y aculturación. Con el culmen del mito de la unidad de España por los Reyes Católicos. Aprovechando la solución dialogada nuevamente el príncipe hace una interpretación interesada, donde realmente no se está realzando la historia aragonesa sino esta como subordinada a la española. Mientras Heraldo hace de altavoz a los intereses de las clases dominantes aragonesas y de la monarquía.

Como ejemplo por la capacidad de aquellas personas para superar una situación difícil en la que primaba la fuerza sobre la razón, mediante la utilización de la vía de la justicia, la negociación, el pacto y el acuerdo consensuado por todos. En 1410, aragoneses, catalanes y valencianos, tras casi trescientos años compartiendo un proyecto político común, se enfrentaron a la insólita situación de un vacío de poder legítimo y legal, en un momento en el que las identidades de cada uno de los territorios habían crecido en el respeto a los intereses del conjunto.

A pesar de que aquella unión largamente conservada estuvo en riesgo de una ruptura que nadie había previsto los territorios de la Corona, iguales y diferentes entre sí, demostraron su madurez y sabiduría convencidos de la necesidad de proteger, sobre todo, la gobernación, la justicia y los derechos de todos por encima de los intereses particulares. De este modo, una sociedad civil, que hacía su entrada en la Historia agrupada en unas instituciones parlamentarias, las Cortes, fue capaz de demostrar su oposición a que la solución se buscara por medio de la guerra y la violencia. Y esa es la idea que firmaron los nueve compromisarios en Caspe, mostrando una grandeza de espíritu y una amplitud de miras que debe ser reconocida y ensalzada con orgullo y emoción por todos los españoles. Aquellos pueblos tenían el sentimiento de ser partes de un todo compartido, que el impulso de fortalecimiento individual tenía como objetivo hacer más fuerte al conjunto, que las luchas internas tenían como horizonte engrandecer la Corona y que los lazos establecidos entre ellos compensaban los desequilibrios naturales existentes. 

Es fácil observar la analogía con el estado español actual, que en 1412 ni se vislumbraba por otro lado, y que a partir de ahí critica a los nacionalismos, salvo el español, que sería el garante del manido interés general sobre los particulares. Podría hacer uso de ese diálogo que alaba para resolver situaciones actuales, en vez del artículo 2 de la constitución que pone al ejército de garante de la unidad indivisible española. De hecho la llegada de los Borbones fue mediante la guerra de Sucesión y lo primero que hicieron fueron los Decretos de Nueva Planta que unificaban a todos bajo las leyes castellanas, por derecho de conquista, ni rastro de la concordia de la que presume y dice admirar del Compromiso de Caspe. O la misma designación de su padre como rey por el dictador Franco.

Buena parte de la población aragonesa, debería de reflexionar viendo estos capítulos históricos y valorar la historia de Aragón, no solo para emplearla contra los catalanes. Y que ni mucho menos el destino de la historia de Aragón era formar parte del estado español, eso es por los avatares históricos, no por estar escrito previamente.

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