sábado, 22 de mayo de 2010

Olé Opíparo

Nuevamente podemos ver el cinismo taurino con la espectacular cornada a Julio Aparicio. Propinada por un gran toro llamado Opíparo y que encontró por supuesto la muerte a estoque después de su faena al torero. Podemos ver adjetivos como horrorosa, espantosa o escalofriante, a la cornada, pero no a lo que llevaba el toro encima. Les repugna la sangre del torero pero no la del toro. El torero ejerce un arte inexistente, una burda coartada para desarrollar sus sádicos instintos. Por más justificación que pretendan emplear. Un mal resbalón en mal momento, quizá le pesen los 52 años, hizo que el toro le amochara opíparamente con la suerte de clavarle el cuerno en el cuello y sacárselo por la boca, es una imagen espectacular. En cualquier país con un mínimo de decencia y valores no se daría lugar a que ocurrieran cosas así. Ni se englobaría como arte y cultura lo que ejecutan estos matarifes estrafalarios. Opíparo, no te olvidaremos.


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