La actividad sociopolítica es necesaria, un deber moral y en ocasiones hasta gratificante. Pero también va dejando un cansancio y en ocasiones es bueno desconectar. Así que este primero de Mayo, en vez de coger el coche e ir hasta Zaragoza, he salido al monte. Un día también habrá que valorar en su justa medida la aportación que hacemos las personas que venimos desde los pueblos. En tiempo y dinero, pero ve a Zaragoza, aparca, ve andando, manifestación muchas veces lenta y con parones, cosa que personalmente me cansa bastante físicamente. Y luego vuelta a casa con ese cansancio.
En Ricla hay un precioso entorno, agreste, con el río Jalón encajonado. Viene muy bien para hacer ejercicio y relajar la mente. Vuelves con las pilas recargadas. Y a veces te encuentras con momentos que recuerdas. Pasando bajo los paredones del Palo del Moro y siguiendo el pronunciado meandro del río por Arapiel. Para girar e ir subiendo por un sinuoso camino de cabras hacia las vaguadas más profundas de La Perdiz. Hay un momento en que hay un silencio que te llega a sobrecoger. Sientes que estás en un territorio que no es el tuyo sino el de la naturaleza. Entonces se produjo el regalo de ver a una pareja de corzos, en su sitio, tranquilamente ramoneando. No sé si llegaron a advertir mi presencia, me quedé quieto respetando un espacio que es suyo. Me dejaron contemplarles durante un tiempo apreciable, hasta que subieron ágilmente corriendo por la ladera.
La salida había merecido la pena más que la manifestación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario