miércoles, 16 de septiembre de 2026

Documental Don't look back in anger

Recientemente hemos visto a los hermanos Gallagher en el festival de cine de Venecia siendo aclamados. El documental recibió 8 minutos de aplausos y después de verlo no se puede decir que sea algo exagerado. De hecho, también hubo aplausos en el cine al acabar las dos horas. Para mi fue una sobreestimulación de sensaciones, energía y que conecta profundamente con la condición humana. Un viaje introspectivo e incluso a mostrarse vulnerable. La música va engarzando perfectamente cada declaración y momento del documental, evocando diferentes sensaciones. Al final, la música es un elemento catalizador, sanador y catártico. Liam dice que Noel acertó de pleno, las canciones de hace 30 años siguen vigentes y no solo para esa generación sino para la siguiente, aspecto que deja alucinado a Noel. Un vínculo de padres a hijos. 

El documental empieza con los ensayos y como se recibe en el mundo la noticia. Algo que parecía muy difícil. Los recelos de como funcionarán volviendo a estar juntos. Liam llega y dice que no va a fumar ni beber, por respeto a los fans y a las canciones. Noel, de trabajar duro para que los conciertos sea disfrutar. Constantemente se ve las diferencias de personalidad entre los hermanos y la lucha de egos que provocó la abrupta disolución. Y el deseo de que ese no sea lo último de Oasis sino la oportunidad de poder cambiar ese relato. La personalidad más introvertida, metódica y trabajadora de Noel, frente a la extrovertida, espontánea y carismática de Liam. Algo que se tiene o no se tiene, Noel admite que ponerse una pandereta en la cabeza sin parecer un gilipollas solo lo puede hacer Liam. También la importancia de Bonehead, como pegamento interno en la banda y no solo eso, Noel reconoce que el sonido de Oasis es Bonehead y su guitarra rítmica, que se pasaron años buscando ese muro de sonido de fondo. Y en su vuelta se nota, es un sonido puro y contundente, similar al jodidamente cool de (What's the story) morning glory?

El primer momento de lagrimilla viene ne Cardiff. Noel admite estar sobrepasado con la reacción del público. Es un momento místico, tanto como la homilía del cura que sale después. Es un compendio de reacciones humanas en base a esa energía que genera Oasis. El momento en el que salen al escenario. Hay gente gritando, otros parecen estar en trance, otros llorando de emoción y otros de alegría. El jefe de policía los compara acertadamente con una hinchada futbolera, un jodido caos. Alegre, de evasión, la gente maravillosa que dice Liam. Hay un hombre de rodillas en actitud de rezar postrado frente a la valla mientras suena Slide away, una de las mejores interpretaciones de Liam. Quien dice que casi nunca canta sino que saca la rabia y los demonios internos y que en ocasiones casi muerde el micrófono. A pesar de su hieratismo en el escenario.

Unas canciones que hablan de la propia autoestima en una clave positiva. De enfocar la vida con alegría y ayudando a los demás. Todos necesitamos un punto de escape y quien puede proporcionarlo debe hacerlo, comenta Noel. El inicio de Supersonic, necesito ser yo mismo y nadie más. Corroborado por la peculiar manera de confirmarlo de Liam. Es un mensaje profundo, que la gente te acepte y aceptarse uno mismo tal y como es. Noel comenta que algo muy bueno para un compositor es cuando sus canciones dejan de ser suyas y pasan a ser de la gente. Cada uno con sus propias circunstancias e interpretación de las mismas. En el recorrido a través del mundo, diferentes personas y culturas con la música de Oasis como elemento sanador. Noel dice que la nostalgia no ha de ser mala, está bien volver a donde has sido feliz y volver a repetir cosas en tu vida.

Una banda que salió de un entorno de clase trabajadora y que además tenía los mismos gustos, modo de vestir y comportamiento que ellos. Hay una contundente declaración de que Oasis no es algo de derechas pero que todos son bienvenidos. Que se puede beber y seguir el fútbol. Y la masa de fans de Oasis tiene bastante de eso y sus canciones de himnos de estadio futboleros. No hace falta ser sofisticado para triunfar y llegar a la gente. Y esa energía de Oasis proviene de esa simbiosis, alguien como tú con un mensaje de vivir la vida a tu modo. Y que es un producto muy de Manchester. Es a destacar la increíble escena musical que ha generado esa lluviosa y gris ciudad, dando luz musical al mundo.  Liam admite la cantidad de gilipolleces que ha dicho, sobre todo siendo joven, y que en ese momento le parecían frases transcendentales.

El segundo momento lagrimilla viene con el emotivo recuerdo a Mani. Liam fundó Oasis, entonces The rain, tras ver un concierto de The Stone Roses. Y es evidente la similitud escénica con Ian Brown. Mani, un tipo guapo, encantador y talentoso. Noel dice que siempre se alegraba por el éxito de los demás y que les anticipó que iban a arrasar. Emociona verle moviéndose cadencioso al ritmo de sus hipnóticas líneas de bajo. Un recuerdo de la fugacidad de la vida y saber disfrutar el momento. Mientras suena la bella, motivadora y emotiva Live forever. 

Un momento fan es cuando por fin se ve que Oasis conquista los Estados Unidos. En los 90 mandaba el grunge y el mensaje de Oasis no era depresivo sino sal fuera y sé tu mismo. También reivindican con orgullo todos sus ancestros irlandeses, y que lo único es que viven en Inglaterra pero se sienten irlandeses y de su singular carácter. De esas canciones melancólicas que se cantan mientras se beben, del esfuerzo de clase trabajadora por salir adelante en la vida, canciones que ponen triste y alegre al mismo tiempo. Las lágrimas de emoción de Noel y Bonehead oyendo a la multitud en Dublín cantando The auld triangle, en la versión de Luke Kelly, vocalista de The Dubliners. 

Por supuesto, no puede faltar Acquiesce, interpretable tanto sobre la relación entre ellos como ampliarse al sentido de la amistad y el entendimiento. Un momento siempre especial, reconocido por Noel, es cuando los dos hermanos cruzan sus miradas en el escenario. Pura comunicación sin palabras. Y enternecedora es la historia del chico que no puede hablar pero le pide escuchar Talk tonight, una de las canciones más intimistas de Noel. Hay veces que la música llega muy lejos.

El tercer momento lagrimilla es el atentado de 2017 en el Manchester arena. Estremece el testimonio de una superviviente, sentirse culpable durante un tiempo por haber sobrevivido. Don't look back in anger ayudó a sobrellevar el trauma a una ciudad. Se cantó de manera espontánea y ayudaba a quien lo hacía y hacerlo en comunidad. Noel se llega a emocionar, confiesa que se giraba hacia atrás, mientras la gente la cantaba en ese momento de emocionante hermandad. Y se ve a la misma chica cantando en el concierto. Es otro momento de iniciación mística auspiciado por Noel. Va a ser vuestra primera vez cantando con otros fans de Oasis en un concierto, dice dirigiéndose a la gente joven.

Noel dice al inicio del documental que tiene un error, no saber perdonar, que hay algo dentro de él que se lo impide. Acaba diciendo que el perdón vino sin palabras y que incluso ahora definiría a Liam como alguien encantador y que están más en contacto que nunca. Es una hermosa experiencia humana. El amor y el afecto siempre van a estar ahí aún cuando estén sepultados. Conecta porque todos podemos tener un caso similar y es sanador haberlo podido solucionar o ver que siempre hay una posibilidad. La ira y el rencor te corroen y el perdón te reconforta. Los hijos de Noel y Liam no se conocían y ahora son los mejores amigos y se emborrachan juntos. Nuestras buenas acciones influyen positivamente en la vida de nuestro entorno. Es bello poder comprobarlo. 

A los dos se les ve sorprendidos y gratificados por la influencia en tanta gente, que no imaginaban que fuera en tanta ni a ese nivel de profundidad. El mundo va mal y necesita a Oasis. Y que mejor que acabar con la etérea, espiritual y solemne Champagne supernova. Críptica en su letra pero que te lleva a otra dimensión cargada de energía. Aprovechemos ese energía de amor para tener una existencia más agradable. 

viernes, 20 de marzo de 2026

Morrissey en Zaragoza

 La primera reacción fue como hallar una serendipia. Morrissey actuaría en Zaragoza. Así que un amigo estuvo rápido para conseguir entradas y no quedarse con la frustración de la ocasión perdida. Así que llegado el día bajamos un grupo algo variopinto de amigos, donde había algún músico, tendencias musicales anglófilas y todos somos melómanos. Todo confluía en una oportunidad única, además que habitualmente Zaragoza no acoge a artistas de tanto renombre regularmente. 

Tan única como sacrificar el partido del Real Zaragoza. Otra gracia de Tebas con los horarios. Vimos el primer tiempo en un bar y nos fuimos con tiempo al auditorio. Eso sí, pendientes del partido en el móvil, 1-0, espera al VAR, gol. Mientras en la pantalla se proyectaban videos escogidos personalmente por Mozz. La altura y mi creciente vértigo me hicieron un poco de mala pasada por un momento. De repente, se oyen unas palmas, segundo gol del Real Zaragoza y la tarde deja de ser silenciosa y triste definitivamente y pinta a jornada redonda y genial.

 Varias personas se agolpan frente a la barrera antiavalanchas, no hay duda, aparece Morrissey y la emoción me embarga por ver ahí mismo al autor de varias de las canciones con las que mi personalidad sensible y tímida se siente más identificada. Se desprende energía, sus movimientos con el equilibrio perfecto entre declamación y elegancia. Su voz profunda, melancólica y potente se conserva bien a sus 66 años. Desde el principio, el público coreando y cantando las canciones. Un amigo me dijo luego que nunca había estado en un concierto donde la gente cantara tanto, y ha estado en muchos. La atmósfera es eléctrica, sensible y alegre. 

La conexión que ha logrado tener y mantener Morrissey con su público es muy especial y raya la devoción. Letras de lirismo, referencias cultas, melancolía protectora y verdad. La sensación tan especial de encontrar un alma gemela. La verdadera valentía es la vulnerabilidad. Tantas personas sensibles y tímidas, o timidez extrema, nos sentimos tan identificadas con él que nos llega a emocionar y a supurar por los polos de la piel, tantos estímulos nos abruman y el cansancio me poseyó acabado el concierto únicamente por esos estímulos recibidos. Necesitamos tiempo y espacio para descansar y recargar energías. 

¿Qué cuál fue el setlist? Y qué importa eso en un concierto de Morrissey. Si es imprevisible. Lo importante es que había salido al escenario a cantar y magnetizar. Esa camisa entreabierta es ya patrimonio musical hace mucho. Expresa cosas que nos cuesta verbalizar o mostrar y que hay personas que las llegan a malinterpretar. Cuando en realidad sentimos las cosas de manera más profunda y pausada. Bueno, no cantó The boy with the torn in his side, yo mismo me hubiera desabrochado la camisa si lo llega a hacer. Estos versos son absolutamente brutales y van más allá de una crítica a las discográficas y los críticos.

The boy with the thorn in his side
Behind the hatred there lies
A murderous desire
For love

How can they look into my eyes
And still they don't believe me?
How can they hear me say those words
Still they don't believe me?
And if they don't believe me now
Will they ever believe me?
And if they don't believe me now
Will they ever, they ever believe me?

Empezó con la potente Billy Budd, en la buena acústica de la sala Mozart y apoyado en una buena banda. Siguiendo I just want to see the boy happy, donde contrasta la fuerte sonoridad con la delicadeza de la letra. Con la tercera canción llegó el momento donde se me humedecieron los ojos y sentí más emoción, con el alegre inicio de Suedehead. Con el público coreando ah, ah, ah, ah, ah, ah, ah. Un clásico emocionante y primer recuerdo a The Smiths (1).

 

 Para pasar a la enigmática y fría Notre-Dame. Siguiendo con lo sombrío y las falsas apariencias en una de sus últimas canciones, Make up is a lie, nuevamente con París de fondo.  Y vuelta a The Smiths con la introspectiva A rush and a push and the land is ours. Y el orgullo de su mezcla de orígenes Irish blood, English heart, una canción que emana fuerza y convencimiento. Siguiendo el tono íntimo de Now my heart is full.

Y ese grito a la necesidad de ser amado desde la timidez de How soon is now?. Dicen que la canción más conocida de The Smiths, cosa que personalmente dudo, y que menos se parece a su sonido, cosa en la que sí lo estoy. Nuevamente París en I'm throwing my arms around Paris, nuevamente frío y buscando amor y aceptación en la soledad. Con una esperanza que parece refugiarse en la melodía. Siguiendo con la antitaurina The bullfighter dies, con proyección de desagradables imágenes que contrastan notoriamente con las de las demás canciones llenas de referencias cultas al cine y la literatura. Muerte bajo una agradable melodía. Morrissey en todo su esplendor. Canción que, personalmente, aplaudí con entusiasmo.

 Para pasar a la melancólica The monsters of Pig Alley. Sobre los seres queridos y lo que importa en la vida. Otra de The Smiths por primera vez en esta gira, Half a person. Introspectiva y melancólica aproximación a la propia identidad. 

En algún momento del concierto y sin dejar de dar la mano a las personas afortunadas de las primeras filas, también comentó que iba a dormir a 9 millas de la ciudad. 

Y después de tanta melancolía e introspección, el público se levantó enfervorizado con la ácida First of the gang to die, narrando la historia de Hector y ese trasfondo tan suyo. Siguiendo con otra de The Smiths, la sobrecogedora por la letra de esperanzarse en el amor, "esa vieja historia y falsa alarma", Last night I dreamt that somebody loved me, de esas en las que Mozz parece leerte el alma. La exploración oscura nuevamente de la soledad a través de la figura metafórica de jack el Destripador, en Jack the Ripper.

Y todo el público en pie. Llegan los majestuosos acordes iniciales de Everyday is like sunday. Atemporal y épica. Aunque en realidad, no todos los días sean silenciosos y grises. Una canción que conecta profundamente. Melancolía y rutina. Y la última fue la sarcástica World peace is none of your business, donde critica la apatía y el mantenimiento de la estructura social.

Ah, pero volvió en camiseta para un bis. Un colofón perfecto a un concierto inolvidable con There is a light that never goes out, simplemente una de las más bellas canciones nunca escritas, y que, personalmente, siempre me ha transmitido esperanza. Morrissey lanzó las flores a la pantalla y lanzó su camiseta al pública, una afortunada saltó y pudo abrazarlo y otro chico tuvo menos suerte y fue retenido por la seguridad. Aplausos.

 

Una noche para disfrutar de la genialidad de Morrissey y el poder sanador de la musica. Ya mientras se regresa a casa por la autovia bajo el  evocador manto de las estrellas.

(1) Edición. La canción pertenece al primer álbum de Morrissey en solitario, Viva hate, de 1988. Lapsus 

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