Pues finalmente Gallardón ha dimitido como ministro de Justicia. Su retrógrada reforma de la Ley del Aborto, que retrocedía más allá de la de 1985, le ha obligado a ello. Ha pinchado en hueso en una sociedad que avanza y en la que las convicciones, fundamentalmente religiosas, no pueden inmiscuirse en el cuerpo de ninguna mujer. Era meterse en un avispero sin venir a cuento. Solo para contentar a los sectores más conservadores y que ha encontrado rechazo incluso en su propio partido. Resulta significativo no perder avances y derechos que su esfuerzo ha conseguido tener.
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