No nos podemos pensar engañar y pensar que hay un interés altruista en todas las declaraciones políticas sobre la última crecida del Ebro. Como la visita de Pedro Sánchez a la zona afectada y ya de paso atacar a Mariano Rajoy por no hacer lo mismo.
Qué coño tiene que pasar en este país para que Rajoy salga de la Moncloa y esté con estos vecinos?
Fino el muchacho. Mientras desde el PP se le acusa de oportunismo. Algo que podrían decir a sus correligionarios que hacen lo mismo cada crecida reclamando el trasvase del Ebro.
Un oportunismo y falta de respeto que se aprecian claramente una vez más en la ministra Tejerina.
Aragón ha visto paralizados Yesa y Biscarrués. Si no hubiera sucedido hubiéramos dispuesto de más capacidad de regulación.
Dos pantanos que sirven para alimentar de caudales el trasvase del Ebro, resulta que los presenta como solución a la rida. Menuda desfachatez e intento de engañar a la gente. De sacar la visceralidad a través de la ignorancia. Vamos, que si hay una riada con daños es por culpa de quienes se oponen a estas obras. A pesar de todos los problemas que hay para hacerlas.
Porque a quien menos caso se hace en estos casos es a los expertos como Alfredo Ollero y su opinión sobre el papel de las presas en las riadas.
No se pueda estar confiando siempre en los embalses. Reducen la punta de la crecida pero la alargan en el tiempo. Las presas son lo que más daño hace al río.
Así como explicar una vez más el papel natural de las crecidas en el ciclo de los ríos.
Las crecidas son necesarias para que el río sobreviva y que si se eliminaran, al evitar los sedimentos, se mataría al río. Las crecidas son las que limpian y dan vida a los ríos. La defensa de los embalses es una postura decimonónica que se mantiene por corporativismo e inercia del pasado.
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